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Estados Unidos ajusta su formación para enfrentar a Paraguay

Por Redacción Fútbol · 13 de junio de 2026 · 02:00 · 5 min lectura

La noche del 12 de junio de 2026 marcó un momento decisivo para la selección de Estados Unidos. Horas antes del encuentro ante Paraguay, correspondiente a la fase de grupos del Mundial, el técnico confirmó la inclusión de Chris Richards en el once inicial. El defensor central había estado luchando por ganarse un lugar entre los titulares, y finalmente lo consiguió. El estadio comenzaba a llenarse mientras los últimos ajustes tácticos se discutían en el vestuario estadounidense. La expectativa era palpable: este partido podría definir gran parte del rumbo del equipo anfitrión en su propio torneo.

La decisión de incluir a Richards no fue caprichosa. El defensor había demostrado solidez en entrenamientos y partidos de preparación, ganándose la confianza del cuerpo técnico. Su presencia completaba una línea defensiva de tres centrales que el entrenador planeaba utilizar como base de un sistema táctico flexible. Sobre el papel, Estados Unidos presentaría un esquema 3-4-2-1, aunque la realidad sobre el césped sería más dinámica. Cuando el equipo atacara, la formación se transformaría en un 3-2-5, con laterales avanzando y mediocampistas ocupando espacios entre líneas. En fase defensiva, el repliegue daría forma a un 4-4-2 más compacto y tradicional.

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Lecciones aprendidas contra Alemania

La configuración elegida no surgió de la nada. Estados Unidos había mostrado una mejora notable en su último encuentro de preparación frente a Alemania, especialmente después de realizar ajustes tácticos durante el partido. Malik Tillman, quien inicialmente jugaba en una posición más adelantada, retrocedió varios metros para ocupar un rol de mediocampista más profundo. Simultáneamente, Weston McKennie fue liberado para subir al ataque con mayor frecuencia. Este cambio aportó equilibrio al equipo: más control en la salida del balón y mayor presencia ofensiva sin perder capacidad defensiva. Los resultados fueron inmediatos, con Estados Unidos dominando tramos importantes del encuentro.

Para el duelo ante Paraguay, el cuerpo técnico consideraba replicar esa fórmula que había funcionado. Sin embargo, también contemplaban la posibilidad de llevar la evolución táctica un paso más allá. Existía la opción de implementar un 4-1-4-1, donde los laterales Antonee Robinson y Aidan Freeman operarían como verdaderos carrileros, prácticamente cumpliendo funciones de laterales tradicionales. Tyler Adams anclaría el mediocampo como pivote defensivo único, permitiendo que cuatro jugadores ofensivos se distribuyeran en una línea horizontal. De izquierda a derecha, Christian Pulisic, Tillman, McKennie y Sergiño Dest formarían ese cuarteto creativo, todos con libertad para asociarse y buscar espacios.

El desafío de Balogun en punta

En la cúspide del ataque, Folarin Balogun enfrentaba su propio reto personal. El delantero sabía que dependería en gran medida de la calidad del servicio que recibiera desde el mediocampo. Paraguay planteaba un desafío físico considerable, con defensores robustos acostumbrados a duelos intensos. Balogun necesitaría no solo aprovechar las ocasiones claras, sino también participar en la construcción ofensiva, bajando a recibir balones cuando el equipo tuviera dificultades para progresar. Su movilidad y capacidad para jugar de espaldas al arco serían cruciales para conectar las líneas del equipo estadounidense.

La flexibilidad táctica se había convertido en el sello distintivo de este equipo de Estados Unidos. A diferencia de selecciones que dependen exclusivamente de un sistema rígido, los estadounidenses mostraban capacidad de adaptación dentro del mismo partido. Robinson, por ejemplo, podía iniciar como lateral en una línea de cuatro y terminar como extremo en un ataque de cinco jugadores. McKennie transitaba constantemente entre funciones defensivas y ofensivas según el momento del juego. Esta polivalencia no solo complicaba la preparación del rival, sino que también permitía a Estados Unidos responder a diferentes situaciones de partido sin necesidad de sustituciones.

Paraguay como prueba de madurez

El rival de turno no era menor. Paraguay llegaba al Mundial con su característica mezcla de solidez defensiva y capacidad para competir físicamente contra cualquier adversario. Históricamente, los guaraníes han demostrado ser especialistas en neutralizar a equipos superiores mediante organización táctica y disciplina colectiva. Para Estados Unidos, este encuentro representaba una prueba de madurez: debían demostrar que podían imponer su estilo de juego incluso ante un oponente preparado para dificultar cada acción ofensiva. La presión de jugar en casa, como anfitriones del Mundial, añadía una capa adicional de exigencia.

Mientras los jugadores realizaban el calentamiento previo al encuentro, la conversación en las gradas giraba en torno a las expectativas. Los aficionados estadounidenses sabían que su selección atravesaba un momento de transición generacional, con jóvenes talentos europeos conviviendo con veteranos de ligas domésticas. La mezcla había generado resultados irregulares en la preparación, pero también momentos de brillantez que hacían soñar con un desempeño histórico en el torneo. Richards, Tillman, McKennie, Pulisic, Balogun: nombres que resumían las esperanzas de toda una nación futbolera en pleno crecimiento. El pitazo inicial estaba a minutos de distancia, y con él comenzaría a escribirse un nuevo capítulo en la historia del fútbol estadounidense.

Fuentes consultadas

Fuentes

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